No sé qué decir 2018-10-08T13:29:57+00:00

Project Description

NO SÉ QUÉ DECIR

Es el título con el que se presenta este artilugio de Narración Oral, apto para todos los públicos, pero en especial para el juvenil y el adulto. 

En él se ofrecen varias narraciones que van entremezclándose, y cuyo hilo conductor es un patio donde la familia se reunía. 

Una propuesta sobre la memoria, el paisaje humano, el trabajo en los campos y los valores comunitarios, que convoca el acervo cultural de un pueblo agrícola en un tiempo que ya pasó, y nos ayuda a saber de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Es justo con cada una de esas narraciones con las que Juan Carlos Tacoronte construye No sé qué decir, un palabrero que tiene la vocación de embelesar y morder. 

El embeleso es la palabra que cautiva y narra la vida cotidiana. Todo puede suceder; cualquier cosa sin que nadie se lo espere, pues la vida se llena de asombro, de alegría, de tristeza y de dolor. 

Si nos rompemos porque el golpe ha sido contundente, no hay más remedio que juntar los pedazos, amarrarnos con vergüillas y seguir; seguir creyendo que es posible fabricar la esperanza, pájaro de vuelo alto y profundo. La mordida es aquello que sucede cuando en este artilugio se mezcla lo poético y lo social, con el fin de convocar una reflexión que nos llene de interrogación y acción para cambiar la realidad.

JUAN CARLOS TACORONTE

Se forma como actor en la Escuela de Actores de Canarias, y posteriormente en Barcelona y Madrid. Descubre la Narración Oral Escénica cuando participa en una de las ediciones del Festival Verano de Cuentos en el Municipio del Sauzal, Tenerife, España.

Desde esa fecha hasta hoy en día han pasado más de quince años. En sus inicios, comenzó contando cuentos tradicionales de otras culturas y otros autores.

Desde el 2006 pone en valor las historias y el legado familiar y cultural de su tierra, unido al paisaje sureño de la isla y la medianía. Lugares entre valles, volcanes y el llano, allí donde se siembra la tierra y el lenguaje.

RELATOS

Las mujeres de la familia de Juan Carlos narraban la vida como si nada. El patio era –y es– un templo; un pequeño paraíso aquí en la tierra. En él, todas esas mujeres eran las guardianas de la memoria. Fueron ellas las que dieron valor a la palabra dicha; ellas inventaron la esperanza, pájaro de vuelo alto y profundo.

Desde hace más de diez años viene escribiendo pequeños relatos, que agrupa en “Un mundo raro, un cuento chiquito”. En ellos, las historias que oyó contar en aquel patio se mezclan con fabulaciones de su puño y letra, pero siempre envueltas por los matices de una tradición agraria, volcánica, social y humana.

Es justo con cada uno de esos insólitos relatos con los que construye su palabrero, un artilugio o cuerpo “cuentil” que inicia con algún poema escénico de mi autoría o de otros autores. 

El palabrero tiene una duración de cincuenta y cinco minutos aproximadamente, aunque la mayoría de las veces el contacto directo con el público y el juego que van tejiendo hacen que varíe el tiempo de duración a más de setenta minutos. Este artilugio es capaz de adaptarse a espacios tan variados como teatros, bibliotecas, asociaciones culturales, plazas, volcanes, etc.

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